Alianza para las Montañas

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Montañas y turismo - precario equilibrio

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En un mundo cada vez más industrial, acosado de presiones, ruido y contaminación, las montañas ofrecen un oasis de paz y tranquilidad, un lugar para disfrutar de la naturaleza y los placeres sencillos de la vida. Más de 50 millones de turistas acuden anualmente a las zonas montañosas, en busca de la majestuosa belleza, la variedad de posibilidades deportivas y el estilo de vida tradicional y a menudo pintoresco de sus pobladores.

Sin embargo, las masas de turistas que hoy visitan las montañas significan un peligro cada vez mayor para las virtudes mismas que los llevan a estas regiones.

El turismo hoy es la industria en mayor expansión del mundo, con ingresos anuales superiores a 500 mil millones de dólares EE UU y un crecimiento anual promedio del 9% en los últimos 16 años. Las regiones montañosas se llevan una tajada de buen tamaño de este pastel, entre el 15% y el 20% del volumen total. Junto con las ciudades y las costas, las montañas se han convertido en los principales destinos turísticos mundiales.

El ingreso del turismo alpino mundial hoy asciende a entre 70 000 y 90 000 millones de dólares EE UU anuales. El crecimiento es tanto que los ingresos turísticos se han convertido en importante fuente del ingreso de muchas zonas de montañas.

Sin embargo, aunque el turismo aporta efectivo inmediato -perspectiva interesante para los pobladores de las montañas, ya que son de los más pobres del planeta- a largo plazo a menudo les produce daños irreparables a las comunidades que debiera de estar beneficiando.

El turismo sin duda ha aportado grandes beneficios a muchas regiones altas, cuya principal ventaja ha sido el ingreso adicional que le ha brindado a comunidades que padecen dificultades económicas, para las cuales ganarse el sustento es más problemático debido a las dificultades impuestas por el medio ambiente y a menudo un clima riguroso. En Europa, muchos valles alpinos se han comunicado con el mundo gracias a las comunicaciones y transportes llevados por el turismo. Los jóvenes han conseguido quedarse, en vez de sumarse al éxodo a las ciudades.

"El turismo acarrea creación de empleos, niveles más altos de ingresos y mejores servicios para las pequeñas comunidades de las montañas -explica el Dr. Paul Messerli, del Instituto de Geografía de la Universidad de Berna, que ha estudiado las repercusiones del turismo en las montañas. También puede dar lugar a una comunidad abierta e innovadora".

Para cada vez más países en desarrollo, los ingresos del turismo alpino representan una importante fuente de divisas. El turismo alpino deportivo, en particular, ha crecido aceleradamente en los últimos 30 años, desde las regiones tradicionales de Europa y los Estados Unidos a zonas montañosas casi vírgenes de algunas partes del Asia Central, los Himalaya, el Karakoru, el Cáucaso, los Andes y aun la Antártida.

Pero la experiencia ha demostrado el alto precio que puede tener este turismo. El desarrollo trastoca el orden natural de los ecosistemas, y las montañas, el más rico depósito de biodiversidad, son de los más delicados de todos. Muchos animales y plantas viven exclusivamente en las tierras altas.

Los árboles derrumbados para abrir las pistas de esquí o construir otras instalaciones turísticas dan abrigo a una gran variedad de especies y son una importante protección contra la erosión del suelo.

"El turismo de masas perturba visualmente mucho el panorama - afirmó Thomas Hofer, Oficial forestal para el desarrollo sostenible de las montañas, de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, en Roma, e integrante de la Coordinación del Año Internacional de las Montañas-. Hay que construir los teleféricos, que en el verano son horribles, los deportes de invierno destruyen el pasto y las pistas cercenan los bosques. El tránsito vehicular de los fines de semana para llegar a algunos centros alpinos puede producir una gran contaminación del medio ambiente".

Todos los años más de 120 millones de turistas visitan los Alpes, descritos por el grupo ambientalista Alp Action como "la región turística más saturada del mundo". Casi todos van en automóvil o autobus.

En las zonas montañosas del mundo en desarrollo, la tala de árboles para obtener leña y la eliminación de los desechos son grandes problemas debido al turismo que busca destinos nuevos y vírgenes.

Es una ironía que el turismo -que representa alrededor del 50% del tránsito mundial total- también contribuya al cambio climático, lo que significa un problema para el turismo alpino. Los glaciares ya están disminuyendo en distintas montañas del mundo, y la modificación de las nevadas puede perjudicar la industria turística, como fue patente en esta temporada en Europa. Se ha calculado que en Suiza un aumento de 2° C de la temperatura se traduciría en una pérdida anual de 1 700 millones de dólares EE UU de ingresos por concepto de deportes invernales.

El aumento de la temperatura incrementa el peligro de que se produzcan torrentes de lodo, derrumbes y deslaves. La modificación del calendario e intensidad de los monzones en el Asia Meridional, fenómeno que ya ha comenzado a dejarse sentir, podría acarrearles graves consecuencias para las personas que viven del turismo en las montañas de la zona.

Debido a su aislamiento, los pobladores de las montañas tienen un gran legado cultural basado en prácticas tradicionales de generaciones de antigüedad. Pero el turismo puede ser un peligro para estas tradiciones, la influencia externa en el comportamiento social, la introducción de nuevas enfermedades y la modificación de las costumbres pueden traducirse en consecuencias catastróficas para las pequeñas comunidades de las montañas.

Sin embargo, con inteligencia, el turismo puede brindarles oportunidades a los pobladores de las montañas y conservar a la vez su identidad, informar e instruir a los turistas sobre su legado cultural. Además, puede también infundir orgullo por su lugar de origen a la población local, aunado al deseo de conservarlo para las generaciones futuras.

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El secreto de equilibrar las necesidades de la población de las montañas con las de los turistas estriba en una buena planificación y en asegurar la participación de los pobladores en todas las etapas, aseguran los expertos. A menudo, el fomento turístico en las zonas de montañas se concentra en manos ajenas al lugar, y las comunidades locales obtienen mínimas ganancias. Esto es cierto en particular en los países en desarrollo y en las economías en ascenso, donde a menudo la inversión es de capital foráneo.

Como muchos de sus colegas, Hofer considera que tiene muchas posibilidades alentar a los visitantes a informarse de los lugares que visitan. "Los sensibiliza a las cuestiones locales. Se trata de educación", señala.

La estrategia se ha experimentado con buenos resultados en Nepal, donde cada vez más alpinistas -cerca de medio millón al año- ejercen grandes presiones sobre el medio ambiente. Algunos visitantes ahora asisten a un curso de introducción a la cultura, la fauna y la flora locales a fin de saber respetarlos. Este programa parece estar contribuyendo a disminuir las repercusiones negativas que tantos turistas producen, sobre todo respecto a la eliminación de la basura que muchos de ellos dejan a su paso.

En otras partes del mundo han producido resultados igualmente alentadores otras iniciativas orientadas a reducir los efectos causados por el turismo:

"Las montañas y el turismo no necesitan excluirse mutuamente afirmó el -Dr. Messerli-. Es más, el alpinismo es necesario, pero hay que buscar el equilibrio". top