Los pobladores de las montañas son de las personas más pobres y desfavorecidas del mundo. Como viven lejos de los centros comerciales y del poder, tienen poca influencia en la política y en las decisiones que repercuten en su vida y contribuyen al deterioro de su medio ambiente. Con excepción de pocas regiones, como los Alpes europeos, donde las comunidades de las montañas tienen representación política en los gobiernos de los países, la voz de los pueblos de las montañas no suele escucharse. En consecuencia, muchas personas de las montañas viven marginadas económicamente como campesinos y pastores de subsistencia, comerciantes y jornaleros, sin autoridad sobre los que explotan sus montañas.
En las montañas abunda la biodiversidad, pero la mayoría de los pobladores de estas zonas vive en la pobreza, a menudo porque los recursos más valorados de las montañas, como los bosques, los minerales y el agua, son expropiados por extraños y explotados. Salvo cuando se les contrata como jornaleros con sueldos bajos, las personas de las montañas pocas veces se benefician de la extracción de estos recursos. Aún peor, las actividades económicas que se llevan a cabo en las zonas montañosas rara vez son sostenibles, por lo cual la población local se queda en un medio degradado o muy contaminado. Los gobiernos centrales tienden a no tomar en cuenta a los pobladores de las montañas o a imponerles desde lejos su voluntad. Al dictar el desarrollo de las zonas de montañas, los funcionarios a menudo les prestan poca atención a las necesidades y capacidades de los pobladores de las montañas, con los que además pueden tener diferencias culturales, raciales, étnicas o religiosas.
Las montañas, uno de los ecosistemas más difíciles para vivir, a menudo se dejan a los sectores marginados de la población, como las comunidades indígenas y las minorías culturales. Arrinconados montaña arriba, en alturas extremas, muchos pobladores de las montañas apenas pueden ganarse la vida en su lucha por producir cultivos en terrenos muy empinados, de suelos frágiles y con periodos cortos de producción. Algunas de estas personas subsisten del pastoreo, son nómadas y recolectores de forrajes. Otros son jornaleros de las empresas silvícolas y mineras que se benefician de los recursos de las montañas. Sin embargo, cada vez más hombres de las montañas emigran a las ciudades en busca de trabajo, dejando a las mujeres, los niños y los ancianos a mantener el hogar. En consecuencia, la pobreza de las montañas se ha ido convirtiendo cada vez más en territorio femenino.
En muchas comunidades montañesas las mujeres siempre se han ocupado de las actividades agrícolas, pero hoy en día, como hay menos hombres presentes de la familia, la carga de las mujeres ha aumentado considerablemente. Pese a las demás responsabilidades que tienen ellas y a depender de los ingresos de la agricultura, pocas veces se conceden a las mujeres títulos de las tierras, y menos todavía créditos. En algunas sociedades de las montañas se imponen límites a las actividades y las relaciones de las mujeres, lo que les impide aprovechar las oportunidades educativas y de extensión. Por ejemplo, a menudo los hombres de las montañas pueden asistir a la escuela y aprender la lengua nacional, lo que margina todavía más a las mujeres porque sólo hablan un dialecto tribal poco conocido. Todos estos factores incrementan la carga de la pobreza que pesa sobre los hombros de las mujeres de las montañas.
Aunque hoy en día Suiza es un país rico, hace no mucho tiempo la vida de muchas comunidades de las montañas carecía de perspectivas a tal punto que sus pobladores huían frecuentemente a los pueblos y las ciudades de las tierras bajas en busca de una vida mejor. Ante la posibilidad de perder numerosas apreciadas tradiciones suizas, los pueblos de las montañas y los pobladores de las tierras bajas comenzaron a discutir lo que podría hacerse para enriquecer la vida en las montañas. En consecuencia, se elaboraron políticas que han convertido las montañas de Suiza en una de las regiones más prósperas del país. Entre estas políticas:
En los últimos años, las carreteras, los ferrocarriles y las telecomunicaciones han expuesto a las comunidades de las montañas a las influencias externas. Estos cambios han sido a la vez positivos y negativos para la población local. Contar con un mejor servicio de transporte, por ejemplo, facilita el transporte de los productos de las montañas al mercado. A la vez, los productos de importación se han abaratado y abundan en las comunidades de las montañas. Algunos de estos productos importados están desplazando a los de origen local. En los Andes, por ejemplo, la repentina disponibilidad reciente de estambres sintéticos ha disminuido agudamente la demanda local de lanas hiladas a mano teñidas con colorantes naturales. Al mejorar el acceso a las montañas, también crece el potencial de explotación de las personas y los recursos de estas zonas. Devolverles el poder a los pobladores de las montañas y promover políticas y prácticas que garanticen un acceso y una distribución equitativos de los beneficios de los pastizales, el agua, los bosques y la minería de las montañas son medidas importantes para reducir la pobreza de las comunidades de estas zonas y, a la vez, proteger los recursos locales.
El Programa de testimonios orales del Instituto Panos recopila y publica las palabras y los puntos de vista de las personas cuyas voces a menudo no se toman en cuenta. Recientemente, este Instituto comenzó a entrevisar a personas de las comunidades de las tierras altas y las montañas. He aquí algunas de sus opiniones sobre la pobreza:
"En otras partes el agua y la tierra son cálidas y se pueden cosechar los cereales dos veces al año. Aquí, el agua y la tierra son frías, sólo podemos cosecharlos una vez al año." Mujer de 72 años de la etnia wa del sudoeste de China
"Estamos obligando a la tierra a producir más que los elementos, me parece, pueden soportar. Simplemente se están arrancando los cultivos de la tierra." Campesino de los Apalaches de los Estados Unidos
"Antes, cuando no había carretera, cuando llegaba la gente de los llanos a robar, se llevaban un árbol. Ahora un camión en el que caben 10 personas es tan fácil llevarse tantos árboles. Pero desde el año pasado ya no hay ni un árbol qué cortar, quedó desierto". - mujer de la etnia miao de China
"Yo utilizaba hierbas medicinales, por eso las conozco un poco... pero a los de la aldea no se nos permite recolectarlas. El Gobierno de la India, al reconocer acertadamente el valor y la necesidad de proteger este recurso designó personas para supervisar la recolección, pero en vez de nombrar a personas locales, se concedían los contratos para explotar las hierbas a terceros. Están explotando de veras los tesoros de nuestra selva." Tegh Singh Mahant, de 74 años, en la India. top