Los fenómenos que dieron origen a las montañas del mundo también las dotaron de un acervo de minerales y metales. Hoy en día, la creciente demanda de estos productos y los adelantos tecnológicos han vuelto a las zonas montañosas, aún a las más lejanas, lugares más accesibles y rentables para la minería. Esta actividad productiva puede proporcionar grandes beneficios a las comunidades de las montañas, pero también puede ser devastadora para los frágiles ecosistemas montañosos y las culturas locales, así como para el medio ambiente y las comunidades de las zonas más altas y de las tierras bajas. El reto estriba en equilibrar las oportunidades de la explotación minera con la responsabilidad social, y asegurar la protección de las culturas tradicionales de las montañas.
Hace cientos de millones de años el movimiento de las masas continentales modificó el panorama de la superficie terrestre, y se formaron los Alpes, las Rocallosas, los Andes, los Apalaches, los montes Pamir, los Himalaya y muchas otras de las majestuosas cordilleras del planeta. Esos mismos fenómenos crearon los depósitos de minerales y de metales que están en las rocas situadas bajo la superficie terrestre. Por eso las sierras son la principal fuente de muchos de los metales y minerales más importantes del mundo: el oro, el cobre, el hierro, la plata y el zinc, todos ellos fundamentales para la economía mundial. Las montañas también tienen un especial interés para los exploradores ya que la capa superficial del suelo y la roca de muchas zonas permite determinar con mayor facilidad lo que hay bajo la superficie.
Con el crecimiento de la economía mundial y de la demanda de metales y minerales, las empresas mineras buscan más que nunca, los ricos depósitos de las montañas. Gran parte de la extracción se lleva a cabo en los países en desarrollo, pero la mayor parte de los productos se utiliza en los países industrializados. La mitad del tungsteno del mundo, utilizado en la producción de aceros especiales, se extrae de las montañas del sur de la China. Por todo el mundo transitan enormes cantidades de minerales y minerales obtenidos de la minería.
Los países industrializados son los principales importadores de metales y minerales, a menudo estos ya han agotado sus propios recursos, o los grupos ambientalistas han limitado la explotación minera. Los Estados Unidos son el importador más grande de metales y minerales, el 70 por ciento del níquel, el cromo y el estaño que utilizan procede del extranjero.
América Latina es actualmente el objetivo principal de las empresas mineras internacionales, y las inversiones mundiales en materia de exploración en esta región abarcan el 29 por ciento. La apertura del sector de la minería a empresas extranjeras durante el decenio de 1990, la relativa estabilidad política alcanzada, las abundantes reservas y las grandes extensiones de tierra inexploradas han convertido a muchas zonas altas y montañosas de los países latinoamericanos en objeto de gran interés.
La minería y el tratamiento de los minerales y los metales pueden producir desastrosas consecuencias ambientales tanto en las zonas montañosas como en las tierras bajas. Es más, como los ecosistemas montañosos son tan frágiles, su degradación puede ser difícil y a menudo imposible de corregir. Los aspectos más graves de la degradación ambiental debida a la minería son: los daños a la calidad y disponibilidad del agua; la pérdida de biodiversidad y de cubierta vegetal, y las consecuencias que la contaminanción produce en la atmósfera, así como el calentamiento del planeta.
Los efectos visuales de la minería son los indicios más evidentes del trastorno ambiental: tiraderos en la superficie, amontonamientos de escoria, terraplenes, zanjas y la explotación a cielo abierto. Antes de iniciar las actividades mineras, es necesario eliminar los árboles y la vegetación. En las zonas montañosas más aisladas, a veces se talan árboles para utilizarlos como combustible para la fundición.
La deforestación y las actividades extractivas pueden producir la erosión del suelo e incrementar la sedimentación río abajo, así como las inundaciones, los deslaves de lodo y el desplazamiento de tierras en las zonas más bajas. En la zona de Khaniara, en Himachal Pradesh, en la India, cerca de 1 000 explotaciones de pizarra, en pequeña o mediana escala, han destruido hasta un 60 por ciento del bosque, dando lugar a innumerables desplazamientos de tierras. En los Apalaches, en los Estados Unidos, la denominada "eliminación de la cubierta", propiciada para tener acceso a los yacimientos de carbón, se ha traducido en desprendimientos y daños permanentes a los arroyos y corrientes de agua de muchas zonas. Desde los Andes hasta las islas del Pacífico, el derrame accidental de metales tóxicos utilizados para extraer los minerales, ha privado a los agricultores del agua potable y para la irrigación.
Al concluir las actividades de explotación minera, suele quedar una enorme cantidad de escorias. En las montañas, la contaminación del agua, debida a los desechos producidos por la minería, puede ser particularmente grave ya que en ellas se origina la mayor parte del agua que se consume en el ámbito doméstico y que se utiliza en la agricultura de regadío. El agua que se extrae por bombeo, o que llega de las montañas, a menudo tiene un gran contenido de ácidos y está muy contaminada de metales pesados y sustancias químicas. En todo el mundo se han declarado biológicamente muertos diversos ríos a causa de la contaminación de sus aguas con minerales tóxicos, así como debido a la producción de ácidos provenientes de los desechos rocosos. En algunas regiones montañosas de África, en zonas mineras, los niveles de arsénico en el agua son mil veces superiores a la norma aceptable.
La minería también contamina la atmósfera. Las explosiones, el transporte y las actividades de trituración de la minería a cielo abierto pueden contaminar el aire. La fundición de metales se asocia a la lluvia ácida, y una de las consecuencias comunes de la minería son los escurrimientos ácidos de los desperdicios rocosos. Sólo en los Estados Unidos se estima que 20 000 kilómetros de arroyos y ríos han sido dañados por la filtración de ácidos provenientes de la minería.
La minería a menudo es un trabajo peligroso. La salud y la seguridad de los mineros y de sus comunidades de las montañas corren peligro a causa de diversos factores, desde la inhalación de humo y polvo hasta la contaminación del agua y la falta de medidas de seguridad adecuadas durante sus labores.
En todas las épocas se ha considerado a los metales y minerales como bienes nacionales, sin tomar en cuenta los derechos y las necesidades de la población local. Si bien la minería puede traer beneficios económicos a los habitantes de las zonas montañosas, estos beneficios a menudo duran poco tiempo porque las minas llegan a agotarse. Es más, conforme la minería se hace más moderna, los trabajadores locales que no cuentan con capacitación, carecen de acceso al empleo. Con demasiada frecuencia, las empresas mineras extraen riquezas pero no invierten parte de sus ganancias en las comunidades locales de las montañas, y a veces se priva a estas personas de sus tierras, lo cual incrementa la pobreza y la inseguridad alimentaria. Hace un siglo, la extracción de carbón en los Apalaches, por ejemplo, obligó a miles de agricultores a abandonar sus lugares de origen.
En muchas partes del mundo las montañas se consideran sagradas, en especial sus cumbres, las cuales tienen un significado espiritual para las comunidades étnicas que viven en ellas. Para algunas culturas la minería es un sacrilegio. Más de una docena de sitios considerados patrimonio de la humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) corren peligro actualmente o se consideran potencialmente amenazados por las actividades y propuestas de explotación minera.
La minería en zonas apartadas puede crear una grave desintegración y trastornos sociales. A menudo se importan alimentos, combustible, madera, maquinaria y otros bienes. Asimismo, se suele importar mano de obra porque la población de las montañas suele ser escasa y no cuenta con recursos humanos muy capacitados, necesarios para la minería moderna. La influencia y la presencia de los trabajadores inmigrantes y los bienes importados pueden alterar el equilibrio social y cultural de las comunidades de las montañas. Para los trabajadores mineros llegados de fuera, la altura, las temperaturas más bajas y a menudo el exceso de humedad o de sequía hacen de esta profesión, ya peligrosa de por sí, una actividad todavía más ardua. Muchos mineros inmigrantes trabajan turnos muy prolongados durante semanas y aun meses seguidos, lejos de sus familias, que pueden vivir a cientos de kilómetros de distancia. Para las comunidades locales, los grandes números de trabajadores temporales a menudo llevan enfermedades nuevas y graves, y causan problemas sociales, además de trastornar el equilibrio de la comunidad local.
El restablecimiento de las tierras dañadas por la minería constituye una noción relativamente reciente, cuya importancia en las zonas de montaña ha sido más lenta debido a que éstas se encuentran alejadas del centro de la atención pública. Pero a medida que la tasa de explotación de la riqueza mineral crece, también aumenta la presión por proteger a los ecosistemas montañosos.
La adopción de nuevas prácticas y tecnologías también está ayudando a reducir la producción de desechos y la degradación ambiental de la minería y la industria de la transformación. El mejoramiento de algunas políticas, prácticas y leyes ha producido efectos positivos, especialmente en las zonas explotadas por las grandes empresas transnacionales.
En la mayor parte de las minas modernas del mundo, la utilización de sustancias explosivas con nitrato de amonio ha contribuído a reducir el daño ambiental. Se han ideado nuevos procedimientos que utilizan menos sustancias químicas durante la extracción y la elaboración, las cuales dan mayor seguridad a los estanques de lixiviación.
En la mina de la Exxon, en Los Bronces, Chile, el agua ácida se recicla a través de un material de bajo contenido de cobre en unas instalaciones de lixiviación bacteriana, a fin de reducir el peligro de contaminar el río Mataro, fuente del agua potable de Santiago.
Kennecott Utah Copper ha introducido sistemas de fundición con emisiones menores de tóxicos, a la vez que ha reducido los costos de combustible en un 60 por ciento. La subsidiaria de Río Tinto, una de las mineras más grandes del mundo, es el tercer productor mundial de cobre en los Estados Unidos.
Codelco de Chile, considerada la tercera empresa minera más grande del mundo, está invirtiendo 680 millones de dólares EE UU en fundiciones más limpias y en otras tecnologías nuevas.
La Asociación Nacional de Minería de los Estados Unidos y el Departamento de Energía también de los Estados Unidos se han asociado en la investigación y realización de nuevas técnicas que mejoren el desempeño ambiental de la industria minera.
En 1998, 17 mineras multinacionales formaron la Red Industrial para la Prevención de la Filtración de Ácidos, que se dedica a la investigación y la realización de técnicas para reducir los efectos de la filtración de ácidos.
Otras empresas mineras más pequeñas, muchas de las cuales operan en el mundo en desarrollo, tienen una trayectoria menos positiva en la protección y defensa de los sitios de explotación, respecto a algunas de las grandes transnacionales. Muchas empresas también cuentan con menos recursos para restablecer las zonas explotadas. Una vez agotados los recursos de una mina, la empresa a menudo deja de operar y deja a otros la tarea de limpiar lo que han ensuciado. Las minas abandonadas pueden constituir considerables peligros para la salud de la comunidad y del medio ambiente si no se cierran correctamente.
Los desastres ambientales causados por la minería no ocurren sólo en el mundo en desarrollo. En 1986, se filtró a los mantos freáticos el cianuro de una mina de oro en las Rocallosas, sobre Summitville, Colorado. La empresa no podía sufragar las labores para contrarrestar el infiltramiento y se declaró en bancarrota en 1992. La Agencia para la Protección del Medio Ambiente, de los Estados Unidos, se ha hecho cargo de la gestión de ese sitio, con un costo para los contribuyentes de 40 000 dólares EE UU diarios.
La minería en las montañas de todo el mundo podría beneficiarse si hubiera mejores reglamentos y una supervisión más independiente, que permitiera intervenir antes de que los problemas ambientales y sociales fueran inmanejables. Las empresas, los países y las comunidades se beneficiarían.
Representantes de muchas empresas mineras y de producción de minerales importantesl, adoptaron la Declaración de Toronto (Iniciativa Minera Mundial, en la Conferencia Mundial de Minería celebrada en esa ciudad canadiense, en mayo de 2002), lo cual inaugura una nueva época de la minería y la metalurgia. La Declaración describe sectores decisivos en los que la industria elaborará futuros programas que van desde la creación de protocolos que contengan las mejores prácticas, hasta la creación de un registro de respuestas en casos de emergencia del sector, así comola formación de alianzas para tratar el desarrollo de la comunidad y las cuestiones relacionadas con la minería en zonas protegidas. top