Alianza para las Montañas

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Energía

Las montañas son una importante fuente de energía para toda la población del planeta. Proporcionan combustibles producto de la biomasa, como la madera, residuos agrícolas y estiércol, así como combustibles fósiles no renovables, como el carbón y el gas. Además, debido a sus características físicas, las montañas son una gran fuente de energía renovable, por ejemplo: hidroelectricidad, energía solar y energía eólica. Este potencial energético, en gran medida desaprovechado, indica que las montañas podrían contribuir a disminuir el consumo mundial de combustibles fósiles, una de las principales causas del calentamiento del planeta. Pero muchas comunidades de las montañas siguen cocinando y confortándose al calor de las existencias cada vez más escasas de leña y otros combustibles no renovables, lo cual produce daños, tanto a la salud como al medio ambiente. Gran parte de esta energía limpia, renovable, obtenida de las zonas de montaña, se exporta a las zonas de las tierras bajas sin beneficio para las comunidades de las montañas. Es necesario que los programas de planificación y elaboración de políticas relativos a la energía, reconozcan la vulnerabilidad de los ecosistemas montañosos y las necesidades de sus pobladores, dando así voz a la población de las montañas.

Abandonados a su suerte

La energía es fundamental para la vida en las montañas, pero suministrarla plantea exigencias especiales. Las redes tradicionales de electricidad, concebidas para las zonas densamente pobladas, a menudo no son apropiadas para las comunidades pequeñas y aisladas de las montañas. Debido al clima frío que prevalece en las regiones montañosas, y a diferencia de las zonas bajas, en las montañas se requiere de más energía para producir calor. Asimismo, la demanda de energía crece aceleradamente, a medida que aumenta la población de las montañas, produciendo así la necesidad de adquirir aparatos modernos, al igual que debido a la expansión de la industria local, en especial el turismo. Además, las regiones bajas también están aumentando su demanda de energía, buena parte de la cual proviene de las montañas. La población de las montañas recibe una escasa compensación por la electricidad, la madera y el carbón obtenidos en sus tierras, además ésta carga con el peso de los efectos negativos consecuentes, tanto en el ámbito social como ambiental.

Desarrollo para la población de las montañas

Para lograr el desarrollo sostenible de las montañas, es necesario disponer de una cantidad adecuada y confiable de energía, pero muchas fuentes de energía que hoy se utilizan en las regiones montañosas repercuten nocivamente en estos frágiles ecosistemas. Los combustibles de biomasa proporcionan más del 90 por ciento de la energía en las regiones montañosas, la mayor parte de la cual proviene de la leña. Pero el crecimiento demográfico pone en peligro el suministro de leña, además, el empleo de combustibles de biomasa tiene otras desventajas. El humo de las fogatas y estufas utilizadas para cocinar y obtener calor contamina el medio ambiente y es nocivo para la salud de las personas que lo respiran. La utilización de estiércol y desechos agrícolas como combustibles priva al suelo de valiosos fertilizantes orgánicos. Para satisfacer las necesidades cada vez mayores de energía, algunas comunidades de las montañas están recurriendo a combustibles no renovables como el keroseno, el diesel y las pilas secas, nocivas para el medio ambiente. Es por ello que se necesitan políticas y programas de energía que tomen en cuenta la vulnerabilidad de los ecosistemas montañosos y la naturaleza de las comunidades de estas zonas. La población misma de las montañas debe contribuir a elaborar estas políticas y programas, a fin de asegurar que las prácticas adoptadas sean adecuadas al tipo de vida local y satisfagan así las necesidades reales de la población.

Energía verde: limpia y abundante

En virtud de la altura, la pendiente y demás características naturales, las montañas revisten la función de ccentrales de producción de energía limpia, renovable. Sus elevadas cumbres tienen un enorme potencial de producción de energía hídrica, solar, eólica, geotérmica y de otros tipos, para las comunidades de las montañas y la población de las tierras bajas. Pero sólo una parte de los recursos energéticos renovables, es objeto de explotación. Habría que tomar en cuenta que:

Las fuentes de energía renovable se hacen cada vez más viables, a medida que disminuyen sus costos y mejoran sus tecnologías. Pero la población de las montañas necesita disponer de más servicios de crédito, tecnología e información.

Antigua fuente de energía

Durante siglos, la población de las montañas ha venido utilizando la fuerza del agua en la molienda y en otras labores agrícolas. Las montañas pueden ser importantes fuentes de hidroelectricidad gracias a sus empinadas pendientes, a la abundancia de lluvias que reciben y a los depósitos de agua, en forma de nieve y hielo que albergan. Actualmente la hidroelectricidad proporciona el 19 por ciento del suministro total de electricidad del mundo; más de 150 países la utilizan, y 50 países satisfacen con ella más de la mitad de sus necesidades de electricidad. Pero en el mundo en desarrollo todavía está por explotarse el potencial de la hidroelectricidad. Muchas de las centrales eléctricas de los países en desarrollo no han beneficiado a los pobladores de las montañas, porque se construyeron para satisfacer las necesidades de la población de las tierras bajas. Además, anteriormente, muchas de las represas, carreteras y depósitos construidos para producir hidroelectricidad llenaron el paisaje de cicatrices, privando a los agricultores de tierras productivas y acentuando el peligro de derrumbes e inundaciones, a la vez que han obligado a sectores de la población de las montañas a trasladarse a otros sitios. Hoy en día la población es cada vez más consciente de que la construcción de grandes centrales hidroeléctricas en los medios montañosos, puede tener consecuencias ambientales y sociales desastrosas.

La conveniencia de lo pequeño

Las instalaciones hidroeléctricas en pequeña escala tienen un gran potencial para promover el desarrollo económico y la autosuficiencia de las zonas montañosas, sin trastornar las culturas locales ni el medio ambiente. A partir de técnicas relativamente simples, la hidroelectricidad en pequeña escala extrae energía de los arroyos y riachuelos y la convierte en electricidad para el consumo doméstico, para riego y para la pequeña industria. La capacidad varía desde unos cuantos kilovatios hasta decenas de kilovatios.

La hidroelectricidad en pequeña escala tiene particular eficacia a la hora de satisfacer las necesidades de electricidad de las comunidades aisladas y dispersas de las tierras altas. Por ejemplo, en Salleri, remota aldea montañesa de Nepal, un pequeño sistema de energía hídrica ha fortalecido a la comunidad al fomentar prósperas pequeñas empresas que han contenido la emigración en busca de empleo en los centros urbanos. Con más apoyo internacional para promover la hidroelectricidad en pequeña escala, y ayuda económica para iniciar la actividad e impartir capacitación, se aceleraría la utilización de esta prometedora tecnología.

Sol, viento y manantiales termales

La altura y la pendiente de las montañas conllevan una ventaja respecto a las tierras bajas, a la hora de producir energía solar, especialmente en un margen de 35 grados de distancia del Ecuador. Lo cual obedece a que las latitudes menores gozan de una radiación más difusa y menos nubosidad que las latitudes mayores. Además, las cumbres nevadas son gigantescos reflectores de energía solar que permiten captar la luz que reflejan. La tecnología más segura utiliza celdas fotovoltáicas para convertir la luz en electricidad. No utiliza combustible, es silenciosa y limpia. Los sistemas de energía solar sirven para bombear agua destinada al consumo humano y del ganado, para las cercas electrificadas y las comunicaciones.

La energía solar se está popularizando en las zonas montañosas de todo el mundo. La iluminación solar ha dado buenos resultados en muchas zonas montañosas. Las estufas solares se utilizan bastante en las montañas de la China y la India. La calefacción solar se utiliza cada vez más en los edificios del Tibet. En las tierras altas de Bolivia, donde sólo el 20 por ciento de los hogares está conectado al sistema nacional y en donde escasea la leña, los sistemas solares proporcionan calefacción, luz y energía para cocinar a 2 000 hogares. Casi todos los servicios remotos de los aeropuertos y telecomunicaciones de Nepal funcionan a partir de energía solar.

La electricidad eólica está aumentando en un 30 por ciento al año y hoy representa la fuente más económica de electricidad en los Estados Unidos de América. Esta energía tiene un gran potencial en muchas zonas montañosas, se aprovecha con buenos resultados en Suiza y Noruega y ha demostrado su viabilidad en algunas comunidades agrícolas de las tierras altas. En los Alpes suizos existen planes para aprovechar la energía eólica en el funcionamiento de los cañones que disparan nieve en las zonas turísticas, y limitar así el daño que la infraestructura turística produce en el medio ambiente.

La energía geotérmica de los manantiales termales de muchas montañas podría aprovecharse como fuente de calefacción, pero es difícil transportar esta clase de energía a lo largo de grandes distancias.

Muchos intentos de promover otras fuentes de energía han fracasado debido al costo elevado que tienen, así como a las dificultades que conlleva su instalación y uso, y a causa de la insuficiencia de los servicios de reparación y mantenimiento. Para saber más, haga clic aquí. top