Alianza para las Montañas

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La paz y conflictos

Foto:Dermot Tatlow/Panos Pictures

La paz es vital para el desarrollo sostenible. Muchos de las guerras y conflictos armados se desenvuelven en las montañas del mundo. Los conflictos armados representan quizás los principales obstáculos para el desarrollo sostenible de las zonas de montaña. En 1999, 23 de los principales 27 conflictos armados del mundo se libraban en regiones montañosas.

Las montañas: el campo de batalla de hoy

Las zonas montañosas - desde Afganistán hasta los Balcanes, el Cáucaso, los Andes, partes del Medio Oriente y de África- son focos de conflicto que afligen al mundo de hoy. Los motivos son variados y complejos, pero las consecuencias para los pobladores de las montañas son universalmente devastadoras. El conflicto les impide desempeñar sus tareas básicas para subsistir, desde recoger agua para beber, hasta sembrar y cosechar sus cultivos. En donde fueron colocadas minas terrestres, las tierras agrícolas han de quedar ociosas hasta que pueda realizarse la costosa remoción de las minas, que suele hacerse muchos años más tarde. Se destruye la infraestructura, como carreteras y escuelas, lo cual detiene el desarrollo económico. La muerte, las lesiones corporales y psicológicas de la guerra devastan las vidas de las personas y el progreso de los países. Y las zonas montañosas sufren en forma desproporcionada todas estas consecuencias del conflicto porque a menudo son los lugares más pobres y menos desarrollados del mundo, y sede de las culturas autóctonas.

Disputa por las Alturas

Para los ejércitos contrarios, en lucha por la supremacía local o regional, siempre tuvo importancia estratégica ocupar las zonas altas. El escarpado terreno de las montañas no sólo ofrece una ventaja militar, sino que puede abrigar a los movimientos de oposición que se retiran de las zonas bajas. Los pobladores de las montañas a menudo son los anfitriones impotentes de estos "refugiados".

¿Quién manda?

Las apartadas zonas montañosas puede dificultar la aceptación de un conjunto universalmente aceptado de reglas y reglamentos para la gestión de los recursos, y su aplicación puede resultar casi imposible. Esto da lugar a disputas por los recursos, el territorio y la jurisdicción política. A falta de un sistema claramente definido y con autoridad para resolver las disputas, los conflictos locales pueden degenerar en prolongados conflictos entre comunidades y países colindantes.

La afiliación a los clanes locales puede ser el único sistema que las comunidades aisladas de las montañas pueden considerar digno de confianza para representar legítimamente sus intereses. En estas condiciones, el intento de introducir nuevas prácticas de gestión de los recursos presentes en cuencas hidrográficas enteras, puede ser percibido como un peligro. Es más, cuando hay un vacío de poder, los hombres suelen ocuparlo, a menudo por la vía armada. Cuando surgen conflictos por la gestión de los recursos locales, pocas veces se consulta a las mujeres, aunque puedan ser ellas quienes conozcan mejor cómo aprovecharlos.

Agua candente

En 1995, la incapacidad de administrar el agua de las montañas dio origen a 14 conflictos internacionales. Una ojeada a la situación mundial indica que hay muchas oportunidades de que surjan otros conflictos del mismo tipo. Los ríos pocas veces recorren las fronteras de los países, dos o más países comparten 214 cuencas hidrográficas, que cubren más de la mitad de la superficie del planeta y en donde vive el 40 por ciento de la población mundial. Con el crecimiento demográfico y de la demanda de agua, aumenta también el potencial de guerras internacionales por los recursos hídricos.

La historia brinda algunos motivos de esperanza. Hay muchos casos de tratados internacionales que regulan la utilización del agua de las montañas, que han resistido la prueba del tiempo, aunque los países participantes hayan tenido relaciones muy tensas, como el acatamiento de la India y Pakistán al tratado que rige la explotación del río Indo.

Para muchas comunidades de las montañas y de las tierras bajas, los conflictos internos por el control del agua de las montañas es un peligro mucho más presente que los conflictos internacionales, porque pueden ser igualmente catastróficos.

Los gobiernos nacionales pueden compartir un interés en la construcción de una gran represa. Pero su interés común puede contraponerse al de las comunidades de las montañas que viven cerca de la represa prevista, o en las tierras que serán inundadas. Cuando no se toman en consideración los intereses locales en la planificación de proyectos de gran envergadura para la gestión del agua, tales como las represas, las comunidades pueden protestar. A veces se responde a la protesta legítima con la represión, lo cual desata una espiral de conflicto.

Las montañas, las drogas y los conflictos

Las montañas son el principal campo de batalla en los esfuerzos internacionales por eliminar el comercio ilegal de las drogas. Tanto el arbusto de la coca, de cuyas hojas se produce la cocaína, como la amapola del opio, con la que se produce la heroína, son originarios de las montañas.

Para la delincuencia organizada, la cocaína y la heroína representan grandes ganancias. Para muchos campesinos de las montañas de los países en desarrollo, que carecen de fuentes de ingresos, el comercio de las drogas significa simplemente sobrevivir. A menudo son los campesinos pobres los que pagan el precio más alto cuando los gobiernos y las organizaciones internacionales tratan de eliminar el tráfico de drogas prohibiendo el cultivo de plantas ilegales.

Cuando hay dinero, proveniente del tráfico de drogas, para comprar grandes cantidades de armas modernas, pueden explotar conflictos por cuestiones políticas, sociales o económicas que llegan a adquirir proporciones militares y paramilitares. En estas condiciones, las familias de las montañas con menos recursos son las más perjudicadas.

Excluidos y a la defensiva

El conflicto en las montañas surge cuando se niega a las comunidades locales la participación en las decisiones sobre la explotación de los recursos locales. En algunas partes del mundo, la falta de representación política efectiva ha nutrido violentas revoluciones. Los movimientos rebeldes locales adquieren fuerza cuando los gobiernos centrales, con sede en las capitales situadas en las tierras bajas, imponen su ley a las comunidades de las montañas y deciden cómo explotar los recursos de éstas y quién se beneficia con su explotación. Cuando las comunidades de las montañas son indígenas o pertenecen a minorías étnicas o religiosas, su marginación puede ser un recurso político para los partidos gobernantes. La exclusión de los pueblos de las montañas de la política nacional también puede obedecer a actitudes racistas profundamente arraigadas y aceptadas. top