Alianza para las Montañas

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En la mira

los Andes



Panorama general

Los Andes tienen los paisajes, la vegetación y el clima más diverso de cualquier macizo montañoso del mundo. Abarcan 200 millones de hectáreas, recorren más de 8 000 kilómetros del occidente sudamericano, atravesando siete países. No sólo cruzan los Andes todas las zonas climáticas, desde el Ecuador hasta la Antártida, sino que además tienen las cimas más altas después de los Himalaya, lo que produce un espectacular efecto de sombra de lluvia. Estos factores ayudan a explicar por qué el terreno andino varía desde la vegetación exuberante hasta los paisajes más austeros. Sus ecosistemas únicos pueden ser tan húmedos como los páramos, las yungas y los bosques nubosos situados a sotavento y los bosques perennes del sur, que pueden ser tan áridos como los altiplanos, con escasa vegetación, y los salares prácticamente desiertos de Atacama. En consecuencia, la flora y la fauna de los Andes es igualmente diversa y única.

Quién necesita de los Andes

La vida de millones de personas, del ámbito rural o urbano, en las cordilleras y fuera de éstas, depende de los Andes. La población de las numerosas ciudades, aldeas y zonas rurales es de origen étnico diverso, sobre todo negros, blancos, indígenas y mestizos. Si bien estos grupos se concentran en las fértiles tierras bajas y en los altiplanos centrales, también hay asentamientos en zonas alejadas y prácticamente yermas. Incluso lejos de los Andes, pocas comunidades de los países andinos son por completo independientes de estas montañas. Los Andes proporcionan ingresos al país a través de los productos de exportación, además de ser una fuente vital de agua potable, energía hidroeléctrica y alimentos básicos como la papa, la yuca, el trigo y el maíz. Entre los principales productos comerciales están el tabaco, el algodón, la coca y el café, y algunas grandes minas de cobre, plata, estaño, hierro, bauxita y oro, y está aumentando la extracción de petróleo. El turismo es una importante industria floreciente. No obstante que los Andes sean fuente de indispensables beneficios económicos incluso internacionales, la gran mayoría de sus pobladores son pobres y viven de la agricultura de subsistencia y de empleos de mano de obra escasamente retribuidos.

La población indígena de ayer y de hoy

Hace miles de años las mesetas de los Andes estaban densamente pobladas, así como los valles de Bolivia, el Perú, Ecuador y Colombia donde sigue habiendo una población indígena más numerosa que en cualquier otra parte de los Andes, con excepción de Colombia. La población de los países de la región central de los Andes, unos 17 millones de personas, está clasificada como “autóctona” y son principalmente quechuas (descendientes de los incas) y aymaras (descendientes de los tiahuanacos). En Colombia queda una escasa población autóctona andina, así como en Chile y Argentina, donde el principal grupo indígena son los mapuches.

Cumbres espirituales

Desde su poblamiento inicial, los Andes evocan una profunda espiritualidad en los seres humanos. Los incas y los tihuanacos, así como las civilizaciones que los precedieron, consideraban divinas a las montañas y pensaban que estaban pobladas de dioses. Como estos pueblos tenían una relación más directa con la naturaleza entendían la importancia de los Andes con relación al clima y el suministro constante de agua, la fertilidad de la tierra y la abundancia vegetal y animal. Celebraban a los dioses de las montañas, llamados “Apus”, a través de ceremonias en las que en ocasiones había sacrificios humanos, a alturas a veces superiores a los 6 000 metros.

Están lejanos los días de los sacrificios humanos, pero persiste la reverencia por los Andes. Los indígenas modernos siguen creyendo que los Andes tienen palacios dentro de las cumbres de estas montañas, como en el monte Ausangate, cerca de Cusco, y que los dioses de las montañas protegen a las llamas, las alpacas y las vicuñas silvestres.

No son los únicos que creen en el carácter divino de los Andes. Según la tradición católica, en 1870 el Niño Jesús se le apareció a un niño pastor llamado Marianito Mayta. Desde entonces, los peregrinos, convencidos de que Cristo vive en esa montaña, acuden en masa al glaciar de Sinakara, en los andes peruanos, para participar en la fiesta religiosa de Qoyllur Rit'i.